Después del gran éxito de sus dos novelas La otra isla y El pasajero de Truman, el escritor venezolano Franciso Suniaga vuelve al mercado editorial con otra novela negra, un nuevo caso raro y escabroso encargado especialmente al abogado José Alberto Benítez, protagonista de dos de sus libros.
Se trata de Adiós Miss Venezuela, publicado por Ediciones Dahbar, presentado el pasado jueves 1 de diciembre en la Librería El Buscón.
El caso es muy complejo, incluso para algunos imposible, pues Benítez tendrá que investigar las razones por las que una ex Miss Venezuela se suicida en Margarita.
La historia se desarrolla en un momento en el que el certamen de belleza vive, como el país, una fase de decadencia. Suniaga propone a través del suicido de la ex miss, el suicidio de una sociedad entera, pero también intenta revelar la estética de fealdad en la que se encuentra sumido el país.
–¿Cómo nació la idea del libro?
–La idea de hacer este libro surgió para cerrar la trilogía margariteña conformada por La otra isla y Esta gente, donde el protagonista es José Alberto Benítez, un abogado romántico que gana poco dinero y tiene unos principios muy románticos, nada pragmáticos.
–¿Cuándo comenzó a escribirla?
–En el 2011, lo que pasa es que fue una novela difícil, me costó mucho tiempo aprehenderla, construir la historia me costó porque es compleja. El caso es que hubo una Miss Venezuela que vivía en Margarita, Susana Duijm, muy querida por los margariteños y hay también otra señora que participó en el concurso y se convirtió en una leyenda viva en la isla porque vende sombreros en la playa. A Benítez los casos que le tocan son siempre desesperados y no son jurídicos en sí. Ya le tocó un alemán ahogado, un grupo de margariteños que querían declarar la independencia de la isla, me pregunté ¿qué tal si ahora le tocase una miss suicida?
–Justamente el objetivo de Benítez parece a priori una causa perdida, pues cómo explicar la razón de un suicidio. Además es curioso que una novela negra se centre en tal acertijo y no en un homicidio.
–Esa trama se inaugura con La otra isla, que es donde hay una muerte inexplicable y el trabajo de Benítez es tratar de encontrar una explicación a una muerte que más bien está inscrita dentro de las circunstancias estructurales en que vivimos que hacen que ocurran cosas que en otros lugares no ocurren.
–¿Cómo cuáles?
–Bueno, que hayan 25 mil homicidios al año por ejemplo. Eso no ocurre en un país que no esté en guerra. Ese tipo de cosas que hacen que nosotros seamos nosotros. En estos momentos los venezolanos padecemos de una sobredosis de nosotros mismos.
–En ese sentido, en la novela el suicidio de la ex miss es una metáfora de un suicidio colectivo de la sociedad, ¿cree que sea así?
–Sí, esa es la intención de la novela, es un poco obvia.
–¿Por qué cree que estamos suicidándonos colectivamente?
–Porque en los últimos años en Venezuela ha ocurrido una metamorfosis y es que los venezolanos hemos dejado de ser una sociedad que aspira a la grandeza, al progreso, a la excelencia. Hemos sustituido todos esos valores elevados por un valor básico como lo es la sobrevivencia. Estamos sobreviviendo y la sobrevivencia es miserable, consume mucho tiempo y saca de la gente su peor lado, es decir tú eres capaz de hacer cualquier cosa por salvarte y esa es una situación suicida. Las sociedades tienen que tener aspiraciones mayores, la libertad, la democracia, la igualdad, el bienestar, la búsqueda de la grandeza como pueblo y nos los tenemos.
–En una sociedad suicida ¿cómo sobrevive un escritor?
–No sé si sea la mejor circunstancia para el desarrollo de la literatura esta tragedia en la que vivimos, pero es un desafío. ¿Cómo superar a la realidad que es capaz de narrar situaciones mucho más trágicas de las que puedas imaginar? Es difícil.
–¿Qué tan difícil ha sido para usted?
–Como para todos los demás. Escribir esta novela me tomó mucho tiempo, no porque estuviese dedicado a escribir todo el tiempo, sino porque tenía que dejarla en varias ocasiones porque no encontraba los argumentos para hacer una narración que valiera la pena, desde mi óptica.
–La novela se aleja un poco de la imagen del Miss Venezuela como un mercado donde se objetiviza el cuerpo de la mujer y hay una idea de la belleza como sinónimo de bondad, ¿cree que la belleza aun es buena?
–La belleza platónica está concebida así. Es el valor sobre el cual se ha construido el ideal de belleza en occidente. Si bien es cierto que a lo largo de estas últimas dos décadas ha habido un deterioro de la economía, de la educación, de las instituciones, hay un elemento que también se ha deteriorado y se ha convertido en una de las víctimas de este proceso y es la estética. Desde mi óptica, ahora veo a Venezuela más fea, el país se ha puesto feo, ocurren cosas muy feas. Y el Miss Venezuela es el espacio más conocido donde la belleza está presente. Desde ahí era más fácil establecer las asociaciones que yo quería narrar.
–Siempre pareciese estar presente en sus novelas una tesis mesiánica. Un sector del país pide un cambio en la política ¿cree que ese cambio es de nuevo la vieja costumbre de esperar a un salvador que nos resuelva los problemas?
–Me temo que sí, porque es una actitud que está muy metida en la gente, es una cultura en torno a la política. Habría que ser expreso y trabajar durante mucho tiempo en reducir ese pensamiento, porque siempre el populismo tendrá cabida, que la gente no sienta que el Estado tiene la obligación de resolverle la vida, no, el Estado está allí para facilitar las cosas.
–¿Cómo podría cambiarse eso?
–Creo que el principal elemento es la educación, que la educación venezolana tenga más calidad.
–¿En qué está trabajando actualmente?
–Voy a escribir unas tragedias que ocurrieron, son crónicas, no ficciones
–¿Sobre el país?
–Sí, en Margarita, que es el mundo.
–¿Por qué Margarita es el mundo?
–Porque no necesitas salir de Margarita para conocer al mundo, porque lo representa, hay una buena muestra bien representativa: sectores modernos, tradicionales, atrasados, de vanguardia, progresistas. Yo soy margariteño y se me hace más fácil percibirlo.
–Cerrada la trilogía margariteña de su obra, ¿cómo puede definir al margariteño?
–El margariteño es un personaje que trata de adecuarse a la naturaleza que lo rodea y tiene una actitud tranquila ante la vida, a su ritmo. Vive atrapado entre la desidia y la necesidad de hacer las cosas. Margarita es el mejor lugar de Venezuela para vivir, entonces algo bueno deben tener los margariteños.
dmoncada@eluniversal.com
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