martes, 30 de agosto de 2016

La gran diferencia: revocar y derrocar - MITZY CAPRILES DE LEDEZMA



Venezuela ha sido devastada. El país trepida estruendosamente, al colmo de padecer un empobrecimiento que hunde a centenares de miles de familias venezolanas en el más patético estado de penuria, desventura y desamparo. Por eso queremos revocar a este régimen con votos, lo cual es muy diferente a derrocarlo, tal como intentaron hacerlo los golpistas en 1992, a sangre y fuego, prevalidos de cañones y metralla. Son muchísimas las motivaciones que nos animan a participar de manera entusiasta y decidida en la gran marcha, la “Toma de Caracas” el próximo 1° de septiembre, exigiendo además que el referéndum revocatorio se lleve a cabo este año.

Espejos para mirarnos son las admirables marchas que han tenido lugar a lo largo de la historia, y han dejado profunda huella. Como la que hicieron en enero de 1917 las sufragistas que ventilaron fijamente sus derechos ante la propia fachada de la Casa Blanca. Sus reparos se hacían con gran sentido de la oportunidad, como aquel 20 de junio de 1917, y aprovechando la visita de una representación rusa a la sede presidencial en Washington, las sufragistas desplegaron una inmensa pancarta que exponía: “Nosotras, las mujeres norteamericanas, afirmamos que Estados Unidos no es una democracia. A los 20 millones de mujeres que vivimos aquí se nos niega el derecho al voto”. La lucha no fue en vano, al año sucesivo, el Congreso sancionó la Enmienda 19 a la Constitución, que impide la segregación de voto por razón de sexo.

El 12 de marzo de 1930, Mahatma Gandhi emprendió la denominada Marcha de la Sal, con un recorrido de 390 kilómetros, para protestar y rechazar las absurdas pretensiones del Imperio Británico. Londres había implantado un denigrante impuesto sobre la producción y venta de sal en la India. Durante los 23 días de caminata, Gandhi encabezó populares asambleas donde esgrimía que ese impuesto encarnaba la injusticia colonial.

Los estudiantes del barrio negro de Soweto emergieron a la calle cuando el gobierno sudafricano decretó una ley que constreñía a que la mitad de la instrucción se efectuase en lengua afrikáans. El gobierno reaccionó con brutalidad, ultimando a cientos de jóvenes. Más adelante la tesis mandeliana se impuso.

Una huelga de más de 17.000 trabajadores en los astilleros de Gdansk obligó al gobierno comunista de Polonia a legitimar “Solidarnosc”, génesis del sindicalismo independiente. La lucha también dio sus resultados. La estructura contaba con más de 10 millones de integrantes, y al transcurrir el tiempo asumió un papel cardinal en las primeras elecciones polacas. Lech Walesa quedó como un símbolo de resistencia para la posteridad.

En Venezuela las generaciones del 28 y el 58 constituyen nuestros propios espejos, ejemplos de arrojo de aquellos hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, que arriesgaron sus vidas por la vida misma de la libertad.

Mitzy Capriles de Ledezma
30 de Agosto 2016 - 12:01 am
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