domingo, 28 de agosto de 2016

Caracas nos espera a todos - Goyo Salazar

Imagen: UnidAD Gremial

No he conseguido el primero que me diga que no estará o que crea que su presencia no hará falta. “Hay que ir, hay que ir”, es la frase más frecuente que remata cualquier conversación callejera sobre el llamado nacional que ha hecho la oposición democrática venezolana a tomar Caracas por los cuatro costados el próximo jueves primero de setiembre.

Y es que aunque la conversación no comience ocupándose de la convocatoria en sí, sino de cualquiera de los problemas que han convertido la existencia de las familias en un suplicio inacabable, invariablemente los interlocutores desembocan en la conclusión de que salir a la calle el 1 de setiembre, y hacerlo con una presencia desbordante, es al mismo tiempo necesidad extrema y deber ineludible para con la Venezuela de hoy y la del mañana.

Será una toma física, presencial, multitudinaria, pacífica y democrática para decirle a un gobierno, que hoy se consume en su cerrazón y en la pérdida de las perspectivas políticas y el sentido común, que ya no da más, que sus inventos han fracasado patéticamente, que debe irse, que cuanto antes es mejor pero que, además, debe hacerlo de la manera más conveniente y menos traumática para el país e incluso para ellos mismos. Deben marcharse anteponiendo el criterio de humanidad porque el país, en medio de esta crisis que ellos crearon y profundizan con las horas, se hunde fatal e irremisiblemente hacia un caos de mayores proporciones.

La Constitución Nacional ha previsto esa fórmula para propiciar un cambio cuando un gobierno, como el de Maduro, deja de ser gobierno para convertirse en el artífice de una tragedia como la que vive el pueblo venezolano y fuente generadora de todos los obstáculos para las soluciones. Y esa fórmula es permitir que se exprese el voto de los ciudadanos en un referendo revocatorio e inmediatamente en unas elecciones presidenciales. Es justamente por lo que están clamando venezolanos de todas las condiciones y de los más remotos confines del país.

Desde hace días se ven las maniobras de la cúpula gobernante para obstruir la llegada de los manifestantes a la ciudad capital. Unas irán en el sentido de cerrar las vías de acceso a Caracas y otras, que ya se han puesto en práctica, están orientadas hacia la provocación.

No nos extrañemos, por ejemplo, que en estos días sigan arreciando los atropellos, los vejámenes o los tratos crueles contra los periodistas. Saben que esos maltratos irritan a la opinión pública y lo que quieren es que el campo democrático surja emocionalmente la inclinación hacia la violencia y el desenfreno. Vamos a ir blindados contra eso.

Si a ver vamos, esta será en apenas en nueves meses la segunda toma, ahora de manera física y torrencial, de Caracas porque ya la ciudad capital fue efectivamente tomada por la oposición en el campo de lo político-electoral en los comicios legislativos del pasado 6 de diciembre, cuando la cúpula madurista fue derrotada en todos los circuitos electorales. Esa decisión de cambio de los caraqueños y de todo el país es la que no acepta el mini-cogollo que mantiene atenazadas, apersogadas y prosternadas a todas las instituciones, menos a la que el pueblo la ha investido con toda la legitimidad que el voto ciudadano puede dar: la Asamblea Nacional.

En contra del accionar antidemocrático de este Gobierno ya se han pronunciado en seguidilla la OEA, la ONU, países del Mercosur, el parlamento europeo y cada vez más son los gobiernos conscientes de la gravedad de la crisis venezolana y de la urgencia de buscarle una salida por los cauces institucionales. El 1 de septiembre haremos lo que ninguna de esas organizaciones puede hacer: salir a las calles para decirle al mundo que los Venezolanos estamos dispuestos a detener este desastre y a no dejar que les arrebaten el futuro a los que vendrán.

TalCualDigital.com

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