En el diseño de ingeniería, una de las consideraciones filosóficas fundamentales al analizar el comportamiento de un componente estructural, consiste en simular su funcionamiento bajo las peores condiciones impuestas por solicitudes extremas, y de ese análisis de posibles tensiones extremas se escoge la combinación más desfavorable para diseñar sus diferentes componentes. Este criterio de cálculo se aplica en todo: líneas de transmisión eléctrica, puentes, edificaciones, diques, presas, acueductos, plantas de tratamiento, plantas industriales, estadios, autos, otros.
En
las relaciones humanas, individuales y colectivas, no se ve claro la
importancia de esta concepción y priva el principio de buena fe del otro,
confianza en sus bondades, por tanto no se toma previsión alguna. Esta visión
ingenua lleva a las personas a no cuestionar o poner en duda la buena fe, mas
cuando el malévolo atenúa sus acciones con caramelos de veneno, tal como El Machera
de Santa Anita, que parte de lo robado
lo repartía entre los vecinos; Pablo Escobar, que construyó
urbanizaciones, ofreció cancelar la
deuda pública de Colombia y otras muchas acciones “filantrópicas”…y Hugo Rafael
Chávez Frías, “el último malhechor”.
Hugo
Chávez se robó empresas, edificios, haciendas, apartamentos, casas, la dignidad
y la honestidad de millones de venezolanos, y su libertad individual. Atacó y
humilló a otro tanto que lo cuestionaban y que jamás aprobaron sus acciones. Aquellos
actos delictivos le permitieron hacerse del país, de toda su riqueza material e
inclusive, hacer de Venezuela una potencia mundial del negocio del narcotráfico
–son patéticas las declaraciones de Campos Flores a los fiscales gringos, luego
de amasar una fortuna de 10.000 millones de dólares-. Pero bajo la manga el
malviviente tenía su saco cargado de venenosas dádivas, que permitió que
millones de venezolanos no percibieran su dantesca maldad, los aventajados y
oportunistas que lo captaron guardaron silencio o miraron para otro lado.
¿Por
qué ocurrió?, sencillo: porque no estamos preparados, formados, para
concebir “la condición mas desfavorable”
en las relaciones humanas, si los venezolanos hubieran contado con esta
filosofía de vida se abrían percatado de la ¡¡¡infinita
maldad de las diabólicas bestias que estaban por elegir!!!
Luego
de salir de la cárcel el malhechor, en el ya lejano año 1996, los venezolanos le
habrían dado la espalda si cada uno hubiera
considerado las posibilidades infinitas
de maldad que llevaba en su interior, partiendo de la infame intentona golpista
del fatídico 1992, continuando con el
robo de la hacienda “La Marqueseña”,
en la que se vio obligado por las circunstancias a pactar un precio con
su propietario y dejarle una porción de tierra o cuando en un arrebato de ira y
venganza mandó a violar a la honorable Jueza María Lourdes Afiuni, quien hoy
día todavía mantienen encerrada, estas e incontables acciones similares debieron ocasionar el repudio de la mayoría,
¿por qué no ocurrió? , porque no se consideró la “condición mas
desfavorable”. Aún hoy, se observa a muchos venezolanos afirmar: “soy chavista, más no madurista”, no
perciben la maldad de la bestia. Ven a Maduro como malo no así su padre
putativo, aun cuando ambos son “un solo ser”.
Hoy
cuando padecemos los rigores malévolos de la maldad, estamos obligados a tener
presente la mala fe de cada personaje que trate de encantarnos con dulces de
veneno, es hora de asumir la
individualidad con responsabilidad y respeto, tener presente “la condición mas
desfavorable”.
Un dato:
para percibir el grado de maldad de la pandilla mandona, basta con ponerse en
la posición de ellos, en ese instante nuestros pensamientos y análisis se abren
a sus maldades, ello permite tomar las decisiones correctas.
José
O. Ceballos P.
30-07-2016

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