sábado, 23 de septiembre de 2017

Antonio Ecarri Bolívar: "Vamos a gobernar, abramos el debate"


Los energúmenos que nos desgobiernan hace casi veinte años, los mismos que han destruido todo lo hecho con esfuerzo en la época prechavista, tienen el tupé de sostener que la alternativa democrática no tiene un plan, un proyecto alternativo, para gobernar a Venezuela. ¡Abrase visto tamaña desfachatez! Solo con dedicarnos a hacer lo contrario de lo que han hecho ellos para acabar con Venezuela, ya es un proyecto alternativo con garantía de éxito seguro.

Obviamente, lo antes dicho es de Perogrullo, porque este régimen que ya va para veinte años ha ejecutado un plan estatista, de planificación central, que ha fracasado en todas partes del mundo y su desiderátum es haber hecho lo radical y antagónicamente opuesto a lo que la sensatez indica, es decir, a lo que han hecho todos los países que han superado sus estadios de pobreza y precariedad, y se han convertido en Estados de progreso y bienestar.

Los cuatro tigres asiáticos –Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán– demostraron al mundo que la industrialización, el estímulo a la iniciativa privada, sin olvidar el fuerte impulso del Estado, les permitió salir del subdesarrollo en tiempo récord y nadie, en su sano juicio, puede decir que allí no hay más progreso y mejor calidad de vida que, por ejemplo, en Corea del Norte, que es uno de los pocos países del mundo que insisten, como los torpes de aquí, en el comunismo fallido y demodé.

También es otro ejemplo a seguir lo logrado por los países escandinavos –Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia e Islandia–. ¿Por qué ese modelo social nórdico es tan exitoso económicamente? Diez investigadores nórdicos han analizado la cuestión en un estudio reciente, financiado por el Consejo de Investigación de Noruega (RCN). En él se aclara cómo un sistema capitalista puede mantener un sistema de prestaciones sociales generoso, cómo una sociedad rica puede aplicar el principio de igualdad, y cómo puede prosperar el colectivismo donde rige el individualismo. Por un lado, los investigadores analizaron la riqueza y la igualdad características de los países nórdicos. Constataron así que el modelo social de estos países incluye aspectos que pueden parecer paradójicos: por una parte, están entre los primeros del mundo en niveles de riqueza, pero también lo están en los niveles de igualdad social.

Así, estas naciones combinan un capitalismo productivo con unos amplios servicios de asistencia social. Uno de los autores del estudio, Per Ingvar Olsen, profesor de la Escuela Noruega de Gestión BI de Oslo, señala que los acuerdos colectivos para los trabajadores y los bajos niveles de desempleo son factores clave del éxito económico de los países nórdicos: “Cuanta más gente trabaja, mayores son los ingresos tributarios que recibe el gobierno. Las clases medias están sujetas a altos niveles de impuestos, que son el sustento de la calidad de los servicios sociales en estos países”.

Por otra parte, los países nórdicos mantienen un equilibrio entre el colectivismo generalizado y un alto grado de libertad individual. De este modo, en países como Noruega o Suecia, los ciudadanos pueden confiar en que sus Estados les ayudarán cuando lo necesiten, algo que no sucede en otros países.

Sin embargo, aún persisten problemas, sobre todo los derivados del creciente grupo de trabajadores jubilados que pesan mucho en los hombros de los trabajadores activos, pero es que la socialdemocracia no plantea, como el comunismo decimonónico, una sociedad final utópica, sino un camino de luchas hacia el mejoramiento continuo de la calidad de vida de los ciudadanos. Hay que trabajar con realidades y eso es lo que hace la socialdemocracia de avanzada en todas partes del mundo.

Somos conscientes de que esa lucha por un Estado de bienestar para las grandes mayorías se facilita en el mundo industrializado, pero aún estamos a tiempo de reconstruir a Venezuela. Si decidimos invertir la ecuación latinoamericana de privilegiar el comercio de materias primas –que solo representan 4% de la economía mundial– y nos dedicamos, en cambio, a la educación y la tecnología que permite salir del subdesarrollo en mucho menos tiempo, lograremos la reindustrialización de Venezuela como lo han demostrado los tigres asiáticos y los países nórdicos.

¿Qué debemos implementar aquí? ¿Capitalismo neoliberal o socialdemocracia? Lo más sensato será reconocer que estamos en la necesidad de declarar una economía de guerra, donde todos hagamos esfuerzos comunes, siempre y cuando los pagadores de los platos rotos no sean solo las clases más desprotegidas. AD es garantía de que siempre se deberá ayudar a los hiposuficientes de las relaciones de trabajo, sin caer en el asistencialismo.

Vamos a debatirlo, pero nuestro plan siempre será diferente a este disparate irracional del “socialismo del siglo XXI” que ha sido el más costoso error de la historia reciente de la humanidad. Si hay futuro. AD y la unidad democrática lo garantizan. 

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