miércoles, 20 de diciembre de 2017

Isabel Pereira Pizani: El asesinato del ciudadano por el socialismo del siglo XXI


Fidel, de un solo golpe, destruyó el aparato productivo cubano y con ello la propiedad privada, aplicó la ley 890, promulgada en La Habana el 13 de octubre de 1960.Comenzó por la A: Ingenios Azucareros Central Bahía Honda, hasta la Z con el Terminal Oriental de Puertos. A partir de ese día Cuba no sería la misma. Estatización total, un solo partido, un periódico, muerte de la elección libre y de los opositores.

En Venezuela la anulación de la libertad ha sido más compleja, más sofisticada, superior a la violencia cubana que exterminó físicamente a la oposición. El socialismo del siglo XXI ejecuta al ciudadano cuando le roba el poder sobre su propiedad y el derecho de elegir. Impone medidas progresivas que obstruyen la viabilidad de las empresas, y finalmente roba la propiedad, como manera de aterrorizar a la sociedad. Por este camino, del total de 12.000 empresas han desaparecido 8.000. De ellas, 1.500 por la vía directa de expoliación-estatización, según el Observatorio de Derechos de Propiedad de Cedice Libertad. Otras 6.500 por la anulación de toda posibilidad de lograr viabilidad en los negocios con base en la aplicación de un sistema complejo de intervención en cada una de las fases del proceso económico.

La estatización es la gran amenaza, está en la mente de los emprendedores, es el patíbulo que aguarda a la víctima inerme. Es una nueva metodología para destruir la democracia. No se confiscan masivamente propiedades, ni se anulan las elecciones, pero se quiebra la confianza, se infunde miedo, se aplican paquetes de medidas para destruir, socavar progresivamente la propiedad y el derecho de elegir. En política se vive la paradoja de que los resultados electorales son contrarios a las aspiraciones ciudadanas. Tejen redes de dominación de la conciencia ciudadana que destruyen la fe en el poder de elegir, infunden sensación de injusticia e impotencia. En la economía, la expropiación de poder del propietario se evidencia en la mortal crisis económica, la hiperinflación, la hambruna que asola a la población y causa la desnutrición de 300.000 niños, tragedia que parece no causar una alarma colectiva. Esta es la manera como la dominación se aposenta, no solo estatizando o prohibiendo frontalmente votar sino robándole al ciudadano su esencia, el poder sobre su propiedad y el derecho de elegir

Un simple ejercicio analítico sobre el asalto al poder del elector muestra la diabólica metodología del régimen contra el derecho de elegir. Fríamente, divide el electorado. En los sectores más vulnerables implanta su pase al patíbulo o carnet de la patria, sistema de sumisión del elector bajo una engañosa oferta de alimentos y otros beneficios sociales, que los mantiene en la pobreza pero tranquilos. A la clase media le obstaculiza la posibilidad de elegir con múltiples maniobras: “ratón loco”, desconocimiento de denuncias de Smartmatic, falseamiento descarado de resultados (8 millones el 30J; 9 millones el 10D). Sin tapujos filtran la sensación de que van a cometer un fraude, lo cual será respaldado por una muy inteligente campaña abstencionista que induce al elector a rechazar el voto por su dignidad. “No voto por que me van a robar o no legitimo el fraude”, argumentan, cuando en realidad el verdadero fraude a la ciudadanía es no votar.

Contra la propiedad impone una estructura de controles y multas arbitrarias e indiscriminadas en toda la cadena de producción, procesamiento y distribución, que anulan la viabilidad económica de los productores. Obliga a los comerciantes a aplicar precios por debajo de las estructuras de costos que los llevan a la bancarrota. Recrudece la legislación laboral o lucha de clases contra el empresario acusado de explotador-especulador. Maniobras acompañadas de amenazas permanentes de expoliación de la propiedad y denuncia de guerra económica.

Al final, el productor y el comerciante no producen, no distribuyen, son coaccionados a bajar la santamaría. Los electores de la clase media declinan su derecho de elegir ante el fraude anticipado descaradamente por el mismo régimen, mientras los sectores de menos recursos se ven obligados a entregar su voto por hambre.

El ciudadano está enfrentado a una realidad amarga; tiene que detener y revertir esas estrategias diabólicas producidas en laboratorios infernales, cuyo único objetivo es robarnos la conciencia y convertirnos en mendigos a los pies de dictadores militares y civiles.

Finalmente a la gente del régimen: ¿Cuál es el futuro del crimen que están perpetrando contra los ciudadanos?

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