domingo, 16 de abril de 2017

Henry Ramos Allup: Gas del bueno


En fidelísima imitación del progenitor cobarde que vivió aterrorizado recordando los gigantescos sucesos populares que lo desnudaron el 11 de abril del 2002, fijación que lo llevó a aplastar las más leves manifestaciones sucesivas en su contra, el régimen de Maduro ha venido reprimiendo brutalmente las expresiones públicas, cada vez más frecuentes y con más participantes, que al par de pedir calendario electoral y respeto a la Constitución, expresan la creciente repulsión de la inmensa mayoría del pueblo venezolano contra un régimen corrompido hasta los tuétanos e ineficiente hasta en los asuntos de gobierno mas elementales.

El progenitor cobarde se refería permanentemente a la fumigación de los manifestantes con “gas del bueno”, no para señalar bondades inexistentes en los tóxicos esparcidos a mansalva sobre los opositores, sino a las cantidades inagotables de que disponía. Ni antes ni ahora caben dudas sobre los inventarios de gas del bueno, de equipos antimotín y de armamento militar, puesto que de todas esas existencias salen grandes comisiones para líderes civiles y militares oficialistas. No es de referir sólo la inmoralidad de derrochar en represión sino también de denunciar el negocio de reprimir. Felices los jerarcas comisionistas cada vez que el pueblo noble se echa a la calle para pedirle inútilmente a la rapacería chavista-madurista que robe un poquitín menos y gobierne una pizca mejor.

No habrá comida ni medicinas ni derechos humanos, ciertamente, pero gas del bueno en sus distintas presentaciones (lacrimógeno, pimienta, mostaza y demás, muchos de ellos vencidos lo que aumenta su toxicidad), hay en inventarios incalculables, así como de helicópteros y aviones que se caen apenas despegan, escopetas perdigoneras, cartuchos, granadas y lanzagranadas, balas y fusiles de última generación para armar a los hampones que a ratos atracan y secuestran con las armas de la gloriosa fuerza armada heredera de las glorias de los libertadores y a ratos disparan a discreción contra civiles desarmados, incluidos niños, ancianos y mujeres.

El recién estrenado método con sus novedosas modalidades ha sido concebido por el vicepresidente El Aissami, que de terrorismo sabe bastante: lanzan bombas desde los helicópteros; en el interior de viviendas, como para que en una de ellas falleciera una octogenaria por inhalación de gas tóxico; unas tres arrojadas dentro de una clínica de la que hubo que desalojar de emergencia un neonato sacado moribundo por asfixia, una mujer embarazada en las mismas condiciones, un anciano recluido en terapia intensiva y la diputada Delsa Solórzano trasladada a otra clínica para reponerla de la asfixia. El otro Tarek, el inefable defensor de sí mismo, protesta socarronamente diciendo que esos procederes son muy feos e incivilizados.

En el balance macabro de la represión del lunes 10-4 se contabilizan centenares de víctimas de perdigones y gases, un joven ajeno a las manifestaciones asesinado por un disparo a quemarropa en el pecho y un fracturado craneal por impacto directo de bomba. Según el método El Aissami, ahora la represión no es para contener el avance de los manifestantes cuando se topan con una barrera, sino que de una vez los piquetes avanzan en sucesivas columnas para chocar a los manifestantes, disolverlos y perseguir a la gente después de diezmarla. Y aún así, los agresores no han podido sacar a los manifestantes de su actitud de resistencia pacífica.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario