sábado, 29 de abril de 2017

Antonio Ecarri Bolívar: La transición toca la puerta


Los venezolanos tuvimos la malísima suerte de sufrir unos gobernantes, desde el difunto innombrable hasta hoy, que tienen una formación ideológica atrasadísima por ignorancia e incultura política. Y no se trata de ningún insulto, sino la constatación de una realidad a ojos vista. Veamos.

En efecto, mientras en el seno de la izquierda mundial se debatían los temas del autoritarismo, del continuismo totalitario del posestalinismo, de cuáles serían las verdaderas fuerzas motrices del proceso revolucionario: el papel de la clase obrera y las capas medias, el rechazo a las invasiones del Pacto de Varsovia a países desvalidos como Checoslovaquia; mientras tanto, digo, el chavismo en ciernes estaba encerrado en la Escuela Militar conspirando, contra AD y Copei, sin interesarse lo más mínimo por cuestiones ideológicas. Era un plan para ponerle la mano al poder por el poder mismo. Para usufructuarlo, pues, como lo hacen Maduro, Diosdado y compañía. La excusa para perpetuarse en el poder, el ropaje ético “socialista” vino después, como pudo haber sido el nazismo si no hubiese desaparecido con la II Guerra.

Esa logia militar una vez que derrotó internamente, gracias a los aportes políticos de Rangel y Miquilena, a los abstencionistas y al mutar del MBR 200 al MVR se les incorporó toda aquella izquierda atrasada (lo que quedó del PCV y elementos dispersos del ultraizquierdismo de los años setenta) que había sido derrotada por el MAS y la Causa R. Estos luego se les unieron, por razones oportunistas, aunque después sabiamente rectificaron.

A toda esa fauna política, que se quedó disfrutando vergonzosamente del coroto, se le agotó la verborrea izquierdista con que cubrían las partes pudendas de su “socialismo del siglo XXI”, al quedar desnudos frente a la izquierda decente latinoamericana, evidenciando que solo vinieron por poder y dinero. Remember Andorra. Sin embargo, aún quieren pedalear para permanecer el mayor tiempo posible arreglando sus cuentas finales para la partida.

La única gran falacia con que pretenden quedarse un rato más, en Miraflores, es vendiendo aquellas tesis según la cual “este año sí arrancarán los motores”, “vamos a una constituyente popular” y bla, bla, bla. En fin, toda esa monserga descalificada y echada al basurero de la historia por la realidad y la vida.

El deterioro de este régimen, que está dando sus últimos estertores, es de tal magnitud que no solo tiene 90% de la población en contra, sino que toda la solidaridad internacional se les ha desvanecido. Y eso les ocurre por torpes. Por ejemplo, esa arremetida salvaje contra Luis Almagro –secretario general de la OEA, líder de la izquierda uruguaya y de una reputación intachable al lado de Pepe Mujica y de Tabaré Vásquez– se les ha convertido en un bumerang que les ha golpeado duro y en la nuca. Hoy don Pepe Mujica, desde sus cuarteles de invierno, envía a Almagro a República Dominicana a llevarle el mensaje a Leonel Fernández de que no hay nada que pueda salvar a Maduro distinto a unas elecciones generales, y ya Leonel está en Caracas en eso. Mientras Tabaré Vásquez rechaza hablarle a Maduro, hasta por vía telefónica, porque ha ofendido la majestad soberana del Uruguay al calificarlos, estúpidamente, como “títeres del imperialismo”.

Ah, y la guinda que le faltaba a la torta: todas esas torpezas cometidas aquí, les ha enredado a los cubanos su política de distensión frente a los “halcones” que llegaron a la Casa Blanca. Es que Raúl, con sus avispadísimos asesores, pretendía hacerse el distraído, a ver si Trump y su troup de guerreros los perdonaban pasando de largo por sus costas como un huracán del Caribe cualquiera. Ahora tendrán que ver, los cubanos, con sumo cuidado cuáles van a ser sus próximos pasos en Venezuela. Allá ellos.

Finalmente, después de este somero análisis, creo un deber rectificar el título de un artículo anterior donde afirmaba que “la izquierda nos botará de la OEA”. No, la izquierda decente latinoamericana con la cual la comunidad latinoamericana se entiende, por ser demócratas y liberales en lo político, no nos va a botar de la OEA. Lo que sí va a hacer, ahora, es colaborar en una transición pacífica y constitucional para reconquistar la democracia antes que se produzca una confrontación sangrienta entre nosotros. Es que en Venezuela también hay una izquierda decente y democrática, con sentido de Estado, que está dispuesta a abrirle la puerta a una transición pacífica que parece descartada por radicales de ambos bandos. Esperemos que la sensatez prevalezca. Dios mediante.

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