martes, 22 de agosto de 2017

¡VENEZUELA TIERRA ARRASADA! Maduro y su nido de ratas “prostituyente”…tiempos de Atila


Venezuela se hundirá en la miseria con el neototalitarismo de la madurocracia


Por: Javier Antonio Vivas Santana

En ciertos períodos la nación se aduerme dentro del país. El organismo vegeta; el espíritu se amodorra. Los apetitos acosan a los ideales, tornándose dominadores y agresivos. No hay astros en el horizonte ni oriflamas en los campanarios. Ningún clamor de pueblo se percibe; no resuena el eco de grandes voces animadoras. Todos se apiñan en torno de los manteles oficiales para alcanzar alguna migaja de la merienda. Es el clima de la mediocridad.

José Ingenieros – El hombre mediocre

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No importa lo que haga la cúpula madurista para mantenerse en el poder. Desde untarse las manos de bazofia política para saborearla en vacuos, pero perversos discursos, hasta romper las pústulas jurídicas que brotan en cada uno de sus inapelables sentencias a través de una ilegal e ilegítima “constituyente” y, las declaratorias de unos aderezados integrantes de “comisiones” o “poderes” que nos hablan de “justicia”, es evidente que esas prácticas se mezclan en la más aberrante sodomía de tartufistas, porque sólo ellos y nada más que ellos, al parecer encuentran en tales hechos la felicidad, mientras el resto de un pueblo sólo despierta y vive en el medio del llanto y la desesperanza.

Venezuela se autodestruye cada día que pasa. No hay espacio que no haya sido invadido por el neototalitarismo de la madurocracia, definida esta como lo peor del fascismo, el nazismo y el estalinismo. Un gobierno como el que controla a Venezuela desde Miraflores, sólo genera maldad, podredumbre, persecución y destrucción. El madurismo con sus casi cinco años en el poder, ha desatado las peores cifras de pobreza, miseria, hambre, mortalidad infantil, retorno de enfermedades del siglo XIX, quiebra de todos los índices de salud, los más altos niveles de inflación y escasez de alimentos de nuestra historia, aunado con la multiplicación de la delincuencia, especialmente con los crímenes de contrabando, narcotráfico, robos, atracos, secuestros, violaciones, asesinatos, y por supuesto, la corrupción. Venezuela, tiene en Caracas una de las ciudades más violentas del mundo, pero también sus principales puertos y aeropuertos, se han convertido en puentes para que todo tipo de mafias hayan convertido a nuestro país, en el centro de operaciones con mayor impunidad del hemisferio.

Y es que en la otrora patria del Libertador, es tal el nivel de cinismo que mientras ocurren masacres en centros comunes de detención, espacios en donde hasta un tercio de los reclusos mueren mutilados y destrozados por reyertas en las cuales se confunden “funcionarios del Estado”, la ex – ministra de asuntos penitenciarios junto con la presidenta de la antidemocrática “constituyente”, nos dicen con máxima complicidad que tenemos “el mejor sistema carcelario del mundo”. Es decir, que entre más muertos haya de los mal llamados “privados de libertad”, mejor será ese “sistema”. Con razón, no habría razones para asombrarse porque el resto de la cúpula madurista nos habla que también tenemos “el mejor gobierno del mundo”, cuando todas las cifras en materia económica y social son las peores del continente, y en muchos casos del planeta. Sobre tanta barbarie pensativa, es el propio Ingenieros (2009) quien resulta con la más completa descripción y análisis ante el ocultamiento de la verdad:

Políticos sin vergüenza hubo en todos los tiempos y bajo todos los regímenes; pero encuentran mejor clima en las burguesías sin ideales. Donde todos pueden hablar, callan los ilustrados; los enriquecidos prefieren escuchar a los más viles embaidores. Cuando el ignorante se cree igualado al estudioso, el bribón al apóstol, el boquirroto al elocuente, y el burdégano al digno, la escala del mérito desaparece en una oprobiosa nivelación de villanía. Eso es la mediocracia: los que nada saben creen decir lo que piensan (…) Esa chatura moral es más grave que la aclimatación de la tiranía; nadie puede volar donde todos se arrastran. Conviénese en llamar urbanidad a la hipocresía, distinción al amaneramiento, cultura a la timidez, tolerancia a la complicidad; la mentira proporciona estas denominaciones equívocas. Y los que así mienten son enemigos de sí mismos y de la patria; deshonrando en ella a sus padres y a sus hijos, carcomiendo la dignidad común”. (p. 181)

Quienes pretenden engañarnos con el falso dogma que esto no es un neototalitarismo porque dejan que algunos nos expresemos por medios escritos o audiovisuales, o hagan unas elecciones, que a la postre, cuando las pierden son desconocidas con subterfugios jurídicos, envilecidos por una casta de poder que desde una seudolegalidad han convertido la Constitución en sus residuos de desechos orgánicos ante la escasez de papel higiénico. O zoilos que redactan pésimas líneas de opinión, (algunos de ellos en plena senilidad cobrando casi ocho cifras mensuales en bolívares al Banco Central de Venezuela), con ridículas ironías, o débiles planteamientos epistemológicos que han llegado al extremo de afirmar que la “inflación no existe”, o que de verdad la “guerra económica” es la responsable de todos los males del país, los deja, como el alcohólico que dice que la culpa de sus males son por la existencia del alcohol, o del ludópata que afirma “perder” su dinero porque el capitalista del juego le roba su salario o sus ingresos. Esa es la “intelectualidad” del madurismo.

En los maduristas no puede existir inteligencia porque sus mentes sólo están embriagadas y envilecidas por la mediocridad. Son seres panegíricos que sólo esperan cualquier mendrugo para satisfacer el hambre que este mismo gobierno les ha generado por sus nefastas decisiones en políticas públicas, pero cuya principal finalidad es la perpetuidad en el poder, aunque ello implique el destierro de miles y miles de venezolanos, así como la muerte de un país.

El madurismo en su concepción política es la versión tropical de quienes se autodenominan “Estado islámico”, cuando el Islam es una creación que se manifiesta en las más plausibles acciones y pensamientos. O sea, o ellos o el terror. Sólo que en el caso venezolano, por ahora la destrucción es política, económica y social, bajo la permanente amenaza de las armas como última acción para mantenerse gobernando, si incluso no logran conservar ese “poder” por la vía de los votos.

El madurismo es la perversión política del siglo XXI. Venezuela se hundirá en la miseria con el neototalitarismo de la madurocracia, pero que no olviden que si las pretensiones hegemónicas son irrevocables, todo quedará arrasado como en tiempos de Atila.

A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

Javier Antonio Vivas Santana

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