miércoles, 28 de junio de 2017

Cuando la sombra se hace noche - Rafael Marrón González, Correo del Caroní, (Sin desperdicio!)

Esta semana, Marrón González propone al pueblo de San Félix cambiar también el nombre a la redoma Salvador Allende, por el de Augusto Puga, como símbolo de lo que pudo ser y fue truncado por la barbarie.

El poeta Antonio Arráiz escribió un largo poema a la madre del cual sinteticé lo medular en dos versos: “La madre es una sombra que crece con el hijo/ y si el hijo muere la sombra se hace noche”. Hoy en Venezuela este poema adquiere dimensiones épicas, pues la juventud vierte su sangre en pos del ideal más sublime del hombre, la libertad, que ha sido conculcada por una esquizofrenia retrógrada que define la paz como sumisión.

Desde los inicios de esta miserable puesta en escena política, el luto se ha enseñoreado de la tierra venezolana, pero ese luto es exaltado por el lumpen empoderado como gesta histórica. Su aparición inopinada en la tarima pública fue con dos vulgares intentos de golpe de Estado que segaron la vida de inocentes venezolanos. Y luego desde el poder su siega ha continuado sin descanso.

Desde el mes de abril, hermanado con aquel del 2002 que desembocó en el 11A con sus diecinueve muertos y más de cien heridos, con la misma saña del 12F del 2014 y sus cuarenta y una muertes, la respuesta oficial a las marchas pacíficas convocadas por la oposición, primero, pero ahora espontáneas, ha sido la represión cuya barbarie, que ha cubierto de dolor y miedo al país, con 81 muertes hasta este martes, 27 de junio.

También ha dividido de manera vertical al chavismo, sin lograr amainar siquiera la indignación nacional que cada día incorpora nuevos actores, sumiendo al gobierno en la desesperación, manifestada en el súbito cambio en el alto mando militar, sobre todo en la Guardia Nacional, cuyo comandante se atrevió soberbiamente a declarar que le importaba un pito si lo señalaban como violador de los derechos humanos, en un harakiri a su propia historia, tal su compromiso heroico con el poder que de Maduro emana. O emanaba. Porque ahora es un gris burócrata de un cargo ilegítimo.

Como la feroz canciller, terror de la diplomacia y hoz de la OEA, devenida en “constituyentista” de una imposible constitución ya redactada, o sea desechable, levanta mano como cualquier recluta de la indigencia moral con la que se pretende arropar a Venezuela. Que no se deja. Porque el chavismo lleva dieciocho años -veinticinco si contamos desde el 4F-, tratando de imponer su baratija ruinosa y los venezolanos de ayer y hoy, con idéntico coraje, se lo hemos impedido y se lo impediremos.

Fidel creyó cubanos a los venezolanos. Se peló. Y así, como con la inmolación de una generación nos independizamos de España, nos liberaremos de la criminal satrapía cubana. Los nombres de estos jóvenes asesinados a sangre fría, en un atroz "exceso de fuerza", con alevosía, ventaja y premeditación, brillarán en el Arco del triunfo que debe erigirse como recordatorio del peligro para la paz, la vida y el progreso que significa darle poder a esta secta de asesinos, ladrones y pervertidores de menores y de ignorantes, que debe ser proscrita por el Código penal como ideología criminal, como lo hizo Polonia y ahora Ucrania.

Por los momentos pido al pueblo de San Félix que cambie el nombre a la redoma Salvador Allende, un comunista de cognomentos merecidos, por el de Augusto Puga, como símbolo imperecedero de lo que pudo ser y fue truncado por la barbarie.

Lista sangrienta del coraje libertario

Llevar la cuenta de los jóvenes venezolanos asesinados eriza la piel, según mi cuenta personal van 82 víctimas. Cada día se enluta un hogar, hasta una familia chavista fue afectada con el asesinato de su hijo David Vallenilla, que les salió libertario a pesar de la propensión a la esclavitud de sus padres que justifican su muerte porque era guarimbero, así de deteriorada está la visión humanista de esta gente.

Pero de entre las cenizas del dolor surge el coraje con mayor ímpetu, y los jóvenes indetenibles, resueltos a poner fin a esta pesadilla medieval, se inspiran en las palabras de Pericles: “Entre nosotros la inmolación no es locura irreflexiva, es determinación de un compromiso total con una causa que vale la pena: el que nosotros, los que aquí quedamos, vivamos como queremos, aun al costo terrible de la sangre derramada de los que enterramos hoy....".

Paz en los cementerios y en las cárceles

El gobierno ha incorporado a la represión militarizada, además del consabido atraco, el allanamiento destructivo con nocturnidad, la coacción por la supervivencia y el soborno, el terrorismo judicial, aprovechando la debilidad de los jueces provisorios, que serán portadas de la infamia.

Un ejemplo, el caso de los jóvenes de Ciudad Bolívar y de Puerto Ordaz, estos últimos confinados por un juez evangélico al penal de El Dorado, un centro de reclusión para delincuentes de alta peligrosidad, sin la menor consideración a su condición de universitarios, lo que constituye una pena infamante, pues fueron humillados al cortarles el pelo al rape y uniformarlos de amarillo, como los reos de delitos comunes, y afectados psicológicamente por el protocolo del penal que aísla por 30 días a los nuevos.

Me imagino la orgásmica satisfacción de la fea mediocridad gobernante, y el gozo servil del juez -“yo le cumplí, amo”- que fue dejado en ridículo por la instancia superior que revocó el sitio de reclusión, trasladando a los jóvenes a la comisaría de Guaiparo, un lugar ligeramente menos sórdido, pero por lo menos de fácil acceso para los padres, que también habían sido condenados a sufrir las penalidades de sus hijos.

Pero esta penosa situación la están sufriendo los padres de 1.247 jóvenes en las prisiones del régimen en todo el país, según datos del Foro Penal. Y es que este poder maligno que nos saquea el erario y la libertad, gracias a la lenidad de la democracia con sus desmanes delictivos, para quien la palabra pueblo pasó a ser un devaluado sofisma, es tan inmensamente impío, que ni siquiera se ha detenido a pensar el porqué la juventud que se ha formado bajo su tutela, conforma la vanguardia que se ha levantado en su contra. Cuando un gobierno debe reprimir y asesinar a sus propios hijos ha llegado al límite de su putrefacción moral y ética.

Y hablando de dignidad

Al lado de esos padres y jóvenes estudiantes se mantiene erguido Correo del Caroní, que hoy 27 de junio, arriba a sus primeros soberbios cuarenta años de vida periodística comprometida con la verdad, la democracia y la libertad, que lo ha llevado a ser diana del sectarismo criminal comunista y de su inherente corrupción, que no puede aceptar que exista un medio de comunicación que no se prosterne a sus designios o a sus dólares y, no se haga la vista gorda con los corruptos impunes por la complicidad canalla.

Por la brutal persecución recibida el Correo, como lo bautizó el pueblo, se vio obligado a dejar de circular impreso, pero ahora su versión digital adquiere repercusión nacional e internacional, y sus páginas albergan formadores de opinión que justifican con creces su lema La Casa de las Ideas, para desesperación del régimen. Porque no hay nada que tema más la tiranía, que al pensamiento, que es la auténtica cuna de la libertad. No habrá torta de cumpleaños en esta ocasión, pues la nación venezolana no está para fiestas, sino para la solidaridad con el dolor de la patria herida en lo más sensible de su arquitectura: sus estudiantes.

Su juventud que ha tomado las calles de Venezuela para devolverle su grandeza arrebatada para postrarla como trofeo a los pies de la tiranía cubana. Y cuando esto pase, porque pasará, como han pasado al degrado de la historia todos estos ensayos miserables de sumisión por la supervivencia, Correo del Caroní usará sus titulares para defender los derechos humanos de los culpables que todavía creen que la historia la escriben los vencedores y por ello sacralizan su historieta depredadora.

La historia la escriben los investigadores del periodismo comprometido, el que está al lado del pueblo y sus realidades, como lo ha demostrado en estos últimos cuarenta años, Correo del Caroní, en cuyas páginas ha quedado plasmada, día por día, toda la infamia de este atentado contra la patria de Bolívar. Parodiando a Gandhi, no hay camino hacia la libertad, la libertad es el camino.

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